viernes, 7 de octubre de 2011

EL CAPITÁN TRUENO

Una vez que el espectador ha sido capaz de separar a Goliat del lanzador de peso Manuel Martinez, una vez que el espectador ha sido capaz de olvidar el cuerpo de Sigrid en "Habitación en Roma" y una vez que el espectador ha sido capaz de separar a Sir Black de su profesor virtual de inglés en los cursos de Tv de That´s english, se arrena en él sillón de la sala de cine para ver...
EL CAPITÁN TRUENO
Cincuenta años atrás, nada menos, el niño esperaba que llegara cada Jueves para, con l,5 ptas. en la mano acercarse al kiosco del barrio y preguntar, timidamente, intentando que su cabeza sobresaliese por encima del mostrador, a la señora Petra: ¿Ha llegado el Capitán Trueno?. Siempre llegaba. Y como si de una fantástica aventura se tratara -en realidad lo era- corría hacía su casa, no sin antes mirar con todo detalle la portada, promesa ilusionante en color de un interior trepidante en blanco y negro.
Una vez en casa, si no había hermano mayor que le disputase la primicia, abría el cuento, apaisado, con todo cuidado - eso si, procurando no ver las últimas viñetas, porque en ellas se descubría casi siempre la resolución de la aventura - y devoraba con infantil ansiedad cada una de las viñetas y globos de diáologo.
Eran cuentos cortos, a lo sumo, ocho o diez páginas, pero leyendo cada palabra, cada interjección (para los de después del 57, una interjección es la representación con letras de un sonido, de un golpe, de un grito, por ejemplo: Uff, ploff, zass, ayyy, ajá) , que trataban de ilustrar los mamporros que daba Goliat con su porra a los sarracenos o los mandobles de la espada del Capitán Trueno cruzando el aire camino del cuello del jefe de los citados, se pasaba un buen rato de la tarde y siempre se daban varios repasos.
A la semana siguiente, antes de llegar el nuevo número, se refrescaba la aventura con un último vistazo antes de ir al kiosco.
No era fácil resumir en imagenes, en poco menos de dos horas, las aventuras de muchas semanas durante años, los muchos años que el Capitán Trueno y sus amigos acompañaron a una generación de niños. Pero me ha gustado. Se ha tratado con cariño, se ha recogido, podriamos decir, el espiritu que Victor Mora trató y consiguió imprimir a sus heroes, que luego fueron nuestros.
Sencilla en sus diálogos, correcta en los imprescindibles efectos especiales, bien resueltas las muchas y lógicas trifulcas armadas que atraviesan toda la peli. Como era de esperar creo que ha gustado más a los adultos que había en la sala que a los chavales.
Sobre todo ha sido un perfecto flashback personal que me apetecia vivir desde que supe que, por fín, se iba a hacer una pelicula sobre El Capitán Trueno. Ha ayudado la selección de actores, que, configurando un auténtico biopic de los personajes de los cuentos clásicos de la colección, ha conseguido que fuera muy facil dejar ir la imaginación a aquellas tardes en que unos ojos infantiles recorrian, ávidos, unas viñetas en blanco y negro, pero que, te lo aseguro, tenian una movilidad visual y daban lugar a oir los diálogos perfectamente. Sobre todo, cuando Goliat, alias el cascanueces, tomaba las cabezas de dos de sus enemigos y las chocaba una contra otra, mientras en torno de ellas volaban los ¡¡crash!! ¡¡crash!!. Incruentos, eso si.

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